La práctica de la meditación

La meditación es una práctica que tiene varios aspectos. Cada uno de esos aspectos puede ser internalizado mediante el desarrollo de la correspondiente habilidad.

INICIALMENTE se desarrollan la relajación, la concentración y la vivacidad. El resultado es la SERENIDAD

Somáticamente alcanzar un estado de RELAJACIÓN equivale al estado físico en el cual los diversos sistemas del cuerpo funcionan óptimamente. Se puede obtener relajación en movimiento y en quietud. Es aconsejable empezar por desarrollar la habilidad de relajación practicando la quietud.

La CONCENTRACIÓN implica la conjunción del flujo de atención hacia una localidad (concreta, sutil o causal) por un tiempo determinado. A esa localidad la denominamos objeto o punto de atención. Este punto de atención puede ser la respiración u otro objeto que escojamos.

La concentración y la relajación adquieren balance y originan otro nivel cuando se combina con la siguiente habilidad a desarrollar: la VIVACIDAD. La vivacidad le da iluminación, claridad y profundidad al objeto sobre el que hemos aplicado nuestra atención. Otra característica es la absorción. Esta absorción es un estado lúcido y de profundo contento donde se experimenta a la mente de forma ligera, natural, sin distracción y con marcada reducción de pensamientos.

La serenidad que resulta de estas tres habilidades es le peldaño a la IMPERTURBABILIDAD. ¿Que pasaría si aceptáramos las cosas tal como son? ¿Que pasaría si dejáramos de controlar todo lo que nos sucede y lo que pasa en el mundo?

La imperturbabilidad nos permite distanciarnos de los objetos. Nos permite además disolver los lazos que nos hacían identificar con los objetos. Se abre la puerta a la conciencia del TESTIGO. Esta podría decirse es una culminación de la meditación y se da cuando contemplamos más claramente y “neutralmente” los diversos aspectos de nuestra experiencia para así generar una compresión más cabal de ella. El TESTIGO se desarrolla incluyendo en su percepción cada vez mas objetos de los reinos físicos y posteriormente de los reinos sutiles.

Una vez que logramos serenidad, imperturbabilidad y el testigo estamos preparados para practicar la joya de la meditación: la INDAGACIÓN ESPIRITUAL. Es allí donde podemos explorar la gran pregunta: ¿Qué soy yo?

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